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¿LA DESAPARICIÓN DE LAS ABEJAS ANUNCIA EL FIN DEL MUNDO?

Las abejas, al transportar polen de flor en flor, hacen posible el milagro de la fecundación. Si las plantas no pudieran reproducirse, muchísimos animales vegetarianos morirían, y otras tantas especies carnívoras no tardarían demasiado en seguir sus pasos. La cadena alimentaria es tan delicada que se rompería si faltaran las abejas y otras especies polinizadoras en peligro de extinción.

Es por dicho motivo que desde hace algún tiempo circula por internet un cita atribuida a Albert Einstein: “Si las abejas desparecieran de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida”.

Las buenas noticias consisten en que el genial científico jamás pronunció esa frase. Pero las malas son peores: las abejas están desapareciendo de las colmenas americanas y de otras partes del mundo. Es el fenómeno conocido como Colapso de las Colonias. Se marchan de sus colmenas y los apicultores las encuentran abandonadas sin explicación aparente. Nadie ha logrado dar con una respuesta definitiva al enigma.

¿Quién es el asesino? Las avispas asiáticas invasoras están en el punto de mira por alimentarse de abejas que carecen de defensas contra ellas. Pero no son las culpables. Al menos no son las principales responsables.

Es cierto que desde que las avispas asiáticas asesinas llegaron a Galicia sus abejas autóctonas se han reducido a la mitad. Pero la alarmante disminución de abejas se produce también en muchísimos otros lugares del planeta donde no han llegado, todavía, las temibles avispas asiáticas.

Entones, ¿quién es el asesino? ¿quién está eliminando a las abejas? La respuesta no nos va a gustar. Todos los indicios apuntan al ser humano. La contaminación, el abuso de pesticidas, la proliferación de monocultivos industriales, nuevos parásitos y especies invasoras que viajan de polizontes a lomos de la globalización… Esas son las causas que podrían estar precipitando su exterminio.

Pero en esta historia criminal, el asesino en serie se enfrentaría a su propio castigo si todas sus víctimas murieran. Así que: SALVEMOS A LAS ABEJAS, AUNQUE SEA SOLO PARA SALVARNOS A NOSOTROS MISMOS.